Emilio Urberuaga: «Los libros son como los hijos, no puedes elegir»

Septiembre-Octubre 2012 | ESCUELA INFANTIL | Emilio Urberuaga. Premio Nacional de Ilustración 2011

Hablar de Manolito Gafotas es hacerlo de sus “padres” Elvira Lindo y Emilio Urberuaga, en cuyas mentes se gestó este personaje inolvidable para mayores y pequeños.

Muchos no le reconocerán pero si hablamos del “padre” de Manolito Gafotas lo tendremos más claro. Hemos hablado con este gran  ilustrador, creador de uno de los personajes más importantes del imaginario infantil de los últimos tiempos. Manolito Gafotas, creado por Elvira Lindo y Emilio Urberuaga, es un niño de Carabanchel, que nos explica el mundo, su mundo, a través de las peripecias que le ocurren en su barrio, con su familia y amigos. Un mundo que encandiló a mayores y pequeños y que hoy puede seguir haciéndolo si mantenemos viva la llama de la inocencia de Manolito utilizando sus libros en casa y en el aula.

¿Qué supuso para ti, ya no profesional, sino personalmente, ilustrar a Manolito Gafotas?

Me han preguntado esto tantas veces… Me supuso sobre todo conocer a Elvira –Lindo–, hacerme su amigo, conseguir cierta notoriedad en la profesión, aunque ya llevaba años en esto; y me ha supuesto dinero, que es muy importante: tener dinero para poder trabajar, para poder hacer un libro tuyo tienes que tener cubiertos al menos un par de meses para poder dedicarte a ello íntegramente. Me ayudó mucho, yo bendigo a Manolito Gafotas. La gente que me pregunta por él como si estuviera un poco harto… en absoluto, para nada. Mi carrera es otra, y a Manolito hace tiempo que lo acabé, pero estoy muy agradecido.

«Bendigo a Manolito Gafotas, me ha ayudado mucho. La gente me pregunta por él como si ya estuviera harto y en absoluto… Mi carrera ha seguido pero estoy muy agradecido a Manolito»

En Manolito Gafotas tú te tenías que adaptar a un texto ya escrito, pero en tus propios libros, ¿en qué te basas para llevarlos a cabo, en vivencias diarias o es pura imaginación?

manoloLo de la imaginación no lo es todo. Yo salgo a pasear todos los días y voy observando. Lo que reivindico de mi profesión es la obligación de observarlo todo: voy caminando por la calle y veo por ejemplo una señora que lleva un gorro que me llama la atención, de color verde llamativo, y eso te sugiere potencialmente historias. Hay que imaginarse la vida de personas que no conoces; vas por la calle, y vas mirando a las personas o a los animales… No es un ejercicio que digas “Voy a hacer un libro esta tarde”, no; vas por la calle, ves una cosa que te da una idea, la guardas, la apuntas por si no te acuerdas, y algún día, con esta idea puedes hacer un libro. Yo he hecho uno con unos apuntes de hace muchos años. Tenía lo que llaman el storyboard guardado en el cajón desde hacía veinte y pico años, lo hice, lo vio una editora y le interesó. No todo lo que se te ocurre lo vas a plasmar en un momento, aunque yo entiendo que es difícil de entender para una persona joven el hecho de dejar que pasen tantos años.

El pasado año 2011 te dieron el Premio Nacional de Ilustración…

El premio es muy bonito en la medida en que son tus colegas los que te lo conceden y es de agradecer, es algo bonito. Pero en fin, los premios no son más que eso, aunque bueno, sí te ayudan. Yo nunca me he presentado a ningún premio. No… miento, antes de dedicarme a esto participé en una exposición donde podían premiar a alguien, pero ni siquiera era de ilustración. Pero salvo eso, nunca me he presentado a un premio; por soberbia, porque no me gusta o porque no me gusta competir… No me gusta competir, o si acaso podría competir conmigo mismo, pero me dedico a esto porque me lo paso bien, directamente.

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De tus propios libros, ¿de cuál te sientes más orgulloso? ¿Hay alguno por el que sientas un orgullo especial?

La selva de Sara me gusta mucho en el sentido de que está dedicado a mis hijas. La niña que aparece, Sara, es el nombre de mi hija mayor y la imagen es la de mi hija pequeña en esa época. Pero me gustan todos. Los libros son como los hijos, no puedes elegir.

¿Hay más vivencias personales en La selva de Sara?

Hay una lavadora que sale como máquina del tiempo, era mi propia lavadora, y seguramente muchas más cosas. Que se me ocurra ahora, no, pero inconscientemente, alguna vivencia que me haya pasado, seguro.

En el mundo de la ilustración, ¿hay algún autor que te haya influido ?

Uno no, muchos, no tendrías papel para apuntarlos todos. Empezando por Arcadio Lobato, que es el amigo con el que empecé a ilustrar, Tomi Ungerer, Quentin Blake, David McKee… la lista es enorme. Todos me han influenciado o he buscado yo que me influenciaran. En el ámbito creativo ninguno ha salido de un orfanato, todos tienen padre y madre conocidos, todos venimos de algún sitio y hemos mojado de alguna fuente.

Si te encontraras a un joven que quisiera ser ilustrador, ¿qué le aconsejarías?

Que mirase. Que mirase el mundo que nos rodea, que le diese importancia a las cosas que de verdad la tienen, y que lo importante no es tener un fondo todos los meses, que ya sé que es necesario. Yo le diría eso, que mirase alrededor, que se enamorase cada día del suelo que le ha tocado. Fundamentalmente, que mirase el mundo en el que vive, porque vas absorbiendo porque al final esto es como beber agua: tú bebes agua en verano y al final la sudas; tú observa, mira todo lo que te rodea, enamórate, eso lo vas bebiendo y al final lo sudas, y cuando lo sudas es cuando haces el libro.

Yo cuando hablo con gente y me preguntan cómo dibujar yo les digo siempre: “Mira, dibuja siempre que puedas cosas que conoces, que son tuyas o que hayas visto. Si tienes que dibujar una silla, intenta dibujar la tuya; si vas a dibujar el mar, recuerda cómo lo veías la última vez que estuviste”. Pero además de lo real, muchas veces también se dibuja lo que ves en tu cabeza. Claro. También hay imaginación. Lo que te decía antes, yo veo a una señora por la calle con un sombrero verde y mañana, por ejemplo, se me ocurre que pinto sucasa con un papel muy recargado, me imagino su vida y seguramente, si hablas con ella verás que es completamente distinta a lo que habías pensado. Pero no importa, porque tú tienes el poder de la imaginación. Claro que puedes jugar con la imaginación, con todo lo que se te ocurra en la cabeza, pero siempre intenta, en mi opinión, que tenga un anclaje con la realidad.

urberuaga

 

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