La vida empieza a convertirse en un caos en la Crimea rusa

22 de abril de 2014TEINTERESAES |

Hace un mes, el 21 de marzo, Crimea dejaba de formar parte del territorio ucraniano para pasar a estar bajo soberanía rusa. Los residentes de la península no parecen notar que viven en un país diferente, aunque lo que sí están notando es que lo hacen en un estado en confusión perpetua.

Pasar de una Crimea ucraniana a una Crimea rusa se ha convertido en una transición un tanto caótica, en medio de la creciente tensión que existe en el este de Ucrania, donde puede que la situación que se ha vivido en la península del mar Negro pueda repetirse en otros lugares.

Ahora, pocas instituciones funcionan con normalidad y la mayor parte de los bancos y de los registros están cerrados. Los tribunales han pospuesto de forma indefinida infinidad de casos, muchas compañías extranjeras han cerrado y la importación de alimentos es puntual, fortuita. Y muchos crimeos no pueden obtener sus carnés de conducir, ni las matrículas de sus coches ni tampoco pagar sus seguros sanitarios.

En medio de esta transición, lo que han llamado Unidades de Autodefensa realizan redadas e inspecciones repentinas, sin órdenes oficiales, en todas las estaciones de tren y en otros puntos de entrada a la ciudad. Entre los más afectados por esta tensa situación están los colectivos de drogadictos, activistas políticos, homosexuales o incluso clérigos ucranianos, todos ellos censurados o por el Ejecutivo o por la Iglesia ortodoxa rusa. Todos ellos temen por su vida en una ciudad dirigida ahora por un Gobierno menos tolerante.

En busca de un permiso de residencia

Ahora, son rusos los burócratas que emiten los pasaportes y los permisos de residencia para Crimea y que se sientan en el edificio gubernamental donde hasta hace un mes se sentaban sus predecesores ucranianos. Es en la puerta de este edificio donde Roman Nikolayev, un gerente de transporte retirado, espera todos los días para obtener permiso de residencia para sus familiares ucranianos.

La hija y la nieta de Nikolayev llegaron a Crimea desde Ucrania y, al poco tiempo, se vieron a sí mismas en un país diferente. Ahora Nikolayev, de 54 años, intenta convertirlas en residentes legales, pero ni siquiera puede acceder porque está en el puesto 4.475 de la lista de espera para obtener pasaportes de un edificio en el que sólo entran cerca de 200 personas al día.

“Han establecido líneas telefónicas directas (con el edificio), pero nadie contesta”, asegura Nikolayev a ‘The New York Times’. “Antes teníamos un país más o menos bien organizado; la vida era fluida. Ahora, en sólo un par de semanas, un país se ha convertido en otro”, asegura el crimeo. “Es un desastre”.

El problema de la identidad

Un profesor universitario de Filología, Vladimir P. Kazarin, cree que no será fácil que Crimea abandone este caos. “Se necesita una reconstrucción radical y total (…). Tardaremos dos o tres años para salir de este caos, ahora tenemos que seguir viviendo”, explica.

A un nivel más profundo, muchos ciudadanos crimeos tendrán que enfrentarse a un problema sobre su propia identidad, algo que va más allá del simple cambio oficial de pasaportes. Tra profesora universitaria, Natalia Ishchenko, con raíces en ambos países, no sabe cómo reaccionar. “No puedo decirme a mí misma: ‘Vale, ahora tengo que dejar de querer a Ucrania para querer a Rusia”, asegura. “Me siento como si mi país estuviera dividido en dos partes. Es psicológicamente muy duro”, añade.

Sin embargo, el Gobierno resta importancia a estas preocupaciones. “¡Tonterías!”, expresa la ministra de Turismo, Yelena Yurchenko, que considera que son “pequeñas cuestiones” que pueden ir resolviéndose según van apareciendo. “Puede crear cierta tensión para la gente vaga que no quiere progresar”, añade, rotunda. Pero para intentar solucionar este “problema”, decenas de autoridades rusas han viajado hasta Crimea con el único objetivo de enseñar a los crimeos cómo ser rusos.

Nuevas normas, nueva tensión

Además de los problemas identitarios que ha generado la anexión de Crimea a Rusia, las nuevas normas a las que se sujeta ahora la península han modificado los flujos empresariales: la importación de alimentos, por ejemplo, ha caído drásticamente. Las autoridades crimeas han prohibido la importación de queso y cerdo de Ucrania y han anunciado nuevos controles fronterizos que entrarán en vigor este viernes. Ahora, los consumidores tendrán mucho más difícil adquirir productos tan ordinarios como sus yogures favoritos.

En este contexto y citando “problemas técnicos” McDonald’s ha cerrado sus puertas en Crimea. La cadena de supermercados alemana Metro también ha dejado de operar. La mayor parte de las compañías extranjeras quieren evitar recibir sanciones por trabajar en territorio crimeo. Sin embargo, el Gobierno ha asegurado que “más de la mitad de los negocios” siguen funcionando.

El viceprimer ministro crimeo, Rustam Temirgaliyev, ha asegurado que de las entre 35.000 y 37.000 empresas registradas en la Crimea ucraniana, al menos 25.000 ya se han registrado en la nueva ciudad rusa. Además, sostiene que ya se han abierto 143 oficinas bancarias, que nueve entidades ucranianas han dejado de operar en Crimea y que, a finales de esta semana, se abrirán otras 175 oficinas, según los datos recogidos por la agencia Itar-Tass.

A pesar de Crimea, Ucrania se desintegra

El caos que existe en Crimea no ha servido para detener a otras regiones del este de Ucrania, que siguen subiéndose al carro de la anexión en Rusia. Después de que la península del mar Negro se uniera a la Federación vecina, la región de Donetsk siguió los pasos de los separatistas crimeos y se declaró república independiente el pasado 7 de abril.

Menos de dos semanas después, fue Odesa la que expresó su intención de abandonar Ucrania para pasar a convertirse en un nuevo estado federal de Rusia. El 16 de abril nacía la República Independiente de Odesa que, según el manifiesto de la declaración de independencia, es una ciudad “democrática, multiétnica, tolerante y que decide mediante la decisión de la mayoría de sus residentes, y no (por orden de) la CIA o el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU)”.

La última en declarar su independencia y su intención de anexionarse a Rusia ha sido Lugansk, que este mismo martes ha decidido, por votación de su ‘asamblea nacional’, celebrar un referéndum para decidir el estatus territorial de la región. La votación, que tendrá lugar en dos fases, se celebrará los próximos 11 y 18 de mayo.

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