Sólo 44 de las 503 personas más poderosas de EEUU pertenecen a minorías

 

MINORITY REPORT | Estados Unidos

Según la primera acepción que recoge la Real Academia de la Lengua Española, una minoría es la «parte menor de las personas que componen una nación, ciudad o cuerpo». En la mayor parte de los casos, esa ‘parte menor’ suele hacer referencia a minorías de tipo étnico o religioso. Si bien entre un 20 y un 25% de la población estadounidense pertenece a alguna minoría étnica, sólo 44 de las 503 personas más poderosas del país forman parte de estas minorías.

 

El estadounidense New York Times ha elaborado un estudio en el que analiza el número de personas que pertenecen a estas minorías étnicas y que se encuentran en una —advierte— subjetiva lista de poderosos. Más de medio millar de superhombres y supermujeres, de superestadounidenses que han destacado en sus sectores, cultura, educación, deporte, política, y entre los que sólo se encuentran cuatro decenas de minoritarios. 

Actualmente, ni entre los presidentes de la Ivy League ni entre los asesores militares de más alto rango se encuentran personas de minorías. En el primer caso, sólo dos minorías han presidido alguna institución de esta liga, una conferencia deportiva de asociaciones de ocho grandes universidades de Estados Unidos. La primera fue Ruth Simmons, presidenta por la Universidad de Brown y la primera líder afroamericana de la conferencia, en 2001. No fue hasta ocho años después cuando a este exclusivo club llegó Jim Yong Kim, por Darmouth, primer líder asiático-americano. En el segundo caso, sólo un afroamericano ha pasado por la jefatura del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos: el general Colin L. Powell, en 1989. Desde su dimisión, cuatro años después, nadie de ninguna otra minoría ha pasado por allí. Aunque habría que destacar, llegados a este punto, que podría calificarse a las mujeres como minoría en este aspecto, ya que ninguna mujer ha pasado por este sector.

En política, donde debieran estar representadas todas las minorías que cohabitan en el país, los datos tampoco son alentadores. Un redondo 6% es el que cubre actualmente la representación minoritaria en el Senado: de los 100 senadores, sólo seis son de minorías. Eso sí, dos de ellos están en lo más alto de la cúspide: disputándose la nominación republicana para concurrir a las elecciones presidenciales de finales de año. Sí, se trata de Marco Rubio (Florida) y Ted Cruz (Texas), ambos hispanos. En toda la historia, sólo 12 republicanos y 14 demócratas no blancos han pasado por el Senado.

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Sin embargo, a nivel local las cifras varían. Precisamente entre los alcaldes de las 20 ciudades más pobladas es donde se encuentran las tasas más apropiadas a la configuración social del país. Concretamente, cinco de ellas están dirigidas por alcaldes o alcaldesas de minorías: Los Angeles (California), San Francisco (California), El Paso (Texas), San Antonio (Texas) y Houston (Texas).

También en el entorno del presidente, Barack Obama, que ya en sí mismo forma parte de una minoría, los minoritarios son mayoritarios. Tanto Obama como George W. Bush y Bill Clinton han tenido, al menos, a seis personas de minorías étnicas entre los miembros de su gabinete.

Cine, música, deportes… todo de blancos

El New York Timedefine las siguientes categorías como todos esos poderosos que deciden qué películas ven los estadounidenses, qué música escuchan, qué libros leen, qué programas de televisión ven o qué noticias se cubren. Y entre todos estos grandes hombres y mujeres que deciden en qué, cuándo y cómo piensan los ciudadanos de lo que muchos se empeñan en llamar el país de la libertad, sólo uno, con suerte dos, no son blancos.

De una lista de 20 ejecutivos de estudios cinematográficos, sólo destaca por su no-color-blanco Kevin Tsujihara, jefe de Warner Bros.; de entre los 20 primeros de los más altos tomadores de decisiones que están dentrás de la Billboard Power 100 List, una vez más, sólo hay un minoritario: Eddy Cue, de Apple, quien es cubano-americano. También 18 de las 20 personas con más influencia en el sector editorial —los que dan el sí, quiero o el dismissed a los libros que quieren ver la luz— son blancas; y sólo dos también de los 29 productores o ejecutivos de las más importantes emisoras de teleivisión se apartan de lo estadounidensemente común, que es lo blanco.

Es llamativo —o quizás no— que entre los propietarios de equipos de deportes (fútbol, balonceso o béisbol), si bien la tendencia en minorías es la del resto de los sectores, destaca la ausencia de mujeres. Ninguno de los propietarios de 33 clubes de béisbol que recoge New York Times es mujer; y lo son sólo tres de los 32 propietarios de clubes de fútbol y una de los 30 de baloncesto.

Las minorías deben ser minoritarias para seguir siendo calificadas como minorías, desde luego, pero su representación en la política, en la vida cultural y en cualquier aspecto de la vida de un país debería estar garantizada. Al menos en el siglo XXI.

 

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